Vica Orsa

Amor que nunca existió

Capítulo I

Doria miraba hacia todos lados mientras caminaba por aquel pasillo del palacio. La rugosa cuerda que le ataba las manos le incomodaba, y los guardias que lo escoltaban no le dejaban parar de caminar.

Meggie caminaba a unos cuantos pasos por delante de él. Las cosas para ella habían cambiado mucho en los últimos cinco años y medio. Vestía sucios harapos e incómodos zapatos fuertes para trabajar. La piel de su cuerpo y rostro estaba manchada de mugre, y su cabello ya no era el mismo de antaño.

La reina Violante abría la procesión. Su rostro no había cambiado mucho desde que ascendiera al trono hace cinco años y unos meses.

La gente que pasaba por el amplio corredor lo miraba curiosa, preocupada y decepcionada. Doria no quería verlos.

Una puerta al costado se abrió y Briana salió al pasillo. Lo miró atentamente y en su rostro era evidente la confusión. Esto no le va a gustar nada cuando se entere, pensó. Apartó la vista; tampoco quería verla.

La reina abrió una gran y majestuosa puerta que daba a un despacho con un escritorio de madera, estantes llenos de documentos, tinta y papel. Violante entró en la habitación seguida de Meggie, él y los guardias. Una vez dentro, dio media vuelta y los enfrentó a Doria y a Meggie.

-Mire Doria, dejaré que mis guardias se retiren y lo desaten si se compromete a comportarse, de todos modos no puede escapar.

Él asintió inexpresivo con la cabeza.

La gobernante ordenó a los guardias que se retiraran, cerraran la puerta y lo liberaran de sus ataduras.

Tomó asiento en una amplia silla dando espaldas a una amplia ventana con las cortinas corridas. En la estancia entraba suficiente luz. Una hermosa alfombra con diseño artístico cubría el centro de la sala.

Doria y Meggie se sentaron en dos sillas al otro lado del escritorio. Como las sillas estaban demasiado cercanas, Meggie se alejó enseguida de él por el lado contrario. A Doria no le sorprendió.

-Bien, -dijo la reina mirándolos. –normalmente no gasto mucho el tiempo en estos casos. De no ser quien eres, Doria, te habría mandado sin dudarlo a la cárcel. Pero dada tu fama, y el hecho de que tú, Meggie, seas hija de Arrendajo, decidí hacer una investigación más amplia. No quiero contratiempos, sólo la verdad. Dime Doria, ¿es cierto de lo que se te acusa? ¿Aceptas que cometiste esos crímenes? –tenía una expresión seria en el rostro, pero Doria sabía que en realidad estaba tan impactada como todos.

-Sí, es cierto. –no titubeó al decirlo.

-Tienes la palabra, cuenta tu versión de los hechos.

-Temo, mi reina, que para poder explicar lo que sucedió y sus motivos tendría que contarle toda mi vida.

-Pues entonces hazlo. –no parecía tener ningún inconveniente en demorarse.

-¿Está segura de que quiere oír esto?

-Segura. –no dudaba.

Miró a Meggie, pero ésta simplemente evitó su mirada y asintió con la cabeza.

-Está bien, esta es mi historia.

 

(Si les gusta mi historia, la continuaré. Por favor comenten acerca J).