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Nadia Asif

La noche de la Candelaria

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El 7 de Febrero, noche de la Candelaria

El 7 de febrero, noche de la Candelaria, al apagar todas las velas de la casa, oí un sonido fuera de la puerta. Abrí la puerta y no había nadie.

Cuando iba a volver a entrar volví a oír el sonido. El sonido provenía de un hombre que estaba andando lentamente y arrastrando su pie.

Pensé que podría estar herido así que encendí rápidamente una vela y fui tras él. Cuando le alcancé por detrás, le pregunté:

- ¡Hola! Eh, ¿le pasa algo en la pierna? ¿Necesita alguna ayuda?

El hombre no respondió y siguió como si nada hubiera pasado. Le adelanté y me puse delante de él. El hombre olía algo extraño y como estaba demasiado oscuro, no podía verle la cara. Subí la vela iluminando su cara y grité. La cara del hombre estaba empapada de sangre y parecía como si estuviera rota.

Me di cuenta de que tampoco tenía ojos. El hombre o lo que sea que fuera empezó a sonreír. Fue entonces cuando empecé a correr. No podía ir a mi casa porque él estaba detrás así que seguí corriendo hacia delante. Me paré cuando vi al cura entrando en la iglesia.

- ¡Espere!- grité.- ¡Allí!-dije señalando por el camino de donde venía- ¡Hay un monstruo! No tiene ojos y... y tiene sangre por toda la cara, por favor déjeme entrar con usted dentro, ¡él me matará!

- Calma, hija, creo que te has asustado por nada- dijo el cura tranquilo- por lo que yo veo, allí no hay nadie. Pero si sigues insistiendo, pues puedes entrar.

Entré en la iglesia asustada. Dentro estaba muy iluminado, no sé porqué pero eso me tranquilizó un poco. El cura se fue y me quedé sola al lado de la puerta.

Al cabo de un buen rato, me di cuenta de que salí de casa sin decir nada a mis padres. Ellos podrían estar preocupados y seguro que aquel monstruo ya se habría ido.

Salí sin despedirme del cura. Empecé caminar dirección a casa. Ya cuando estaba cerca, sentí a alguien detrás. Aceleré el paso pero se me echó encima y caí al suelo.

Di la vuelta. Era aquel ser. Chillé cuando mi cara se llenó de sangre. El monstruo empezó a morderme el hombro y grité. Busqué algo para defenderme y lo único que encontré fue la horquilla que llevaba en mi pelo. Me quité la horquilla del pelo y clavé su punta en el cuello del monstruo. Este gritó pero eso no le detuvo, y me mordió más fuerte. Volví a gritar de dolor e intenté quitármelo de encima con las pocas fuerzas que me quedaban.

No pude hacer nada y lloré.

El monstruo siguió mordiéndome y comiéndome poco a poco. Aquella noche, 7 de febrero y noche de la Candelaria, nadie apareció para salvarme.

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