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Gemma Sanza Porcar

Oli la ola

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1

Oli era una ola joven, que tenía muchas ganas de crecer y llegar a la orilla de la playa. Quería ver tierra firme y a los niños jugando con las olas.
Un día, mientras nadaba por alta mar, Oli se encontró con su amigo el pez Cecito y se puso muy contenta, pues no solía ver a muchos amigos por el mar.

—Hola, Cecito. Buenos días —dijo Oli.

—Hola, Oli. Cuánto tiempo sin verte. ¿Qué haces por aquí?
—preguntó el pez.

Oli le contó que estaba viajando hacia tierra firme porque quería ver a los niños jugando en la orilla de la playa. Entonces, el pez se puso triste y le dijo:
Pero, tú sabes que cuando llegues a la orilla, dejarás de ser una ola para siempre; te mezclarás con la arena y, cuando el Sol caliente fuerte, subirás al cielo para convertirte en lluvia. ¿Verdad que lo sabes?
Oli se quedó sorprendida. No recordaba que ese fuera su final. Y un poco asustada le preguntó al pez:
¿Tú crees que habrá alguna manera de no dejar nunca de ser una ola? Me gustaría ver jugar a los niños durante mucho tiempo, no solo una vez.
Cecito se puso a pensar y, tras un breve instante, exclamó:

—¡Ya lo tengo! Recuerdo que mi papá me contó una leyenda cuando yo era un bebé. Me dijo que si una ola llegaba a la playa y conseguía hacer reír a un niño, el mar recogía a la ola y la volvía a llevar mar adentro. ¡Podrías probarlo!

—Así lo haré —dijo Oli—. Gracias por ayudarme, Cecito. —Y se fue.
Oli empezó a nadar hacia la playa con toda la fuerza que el viento le daba. Estaba asustada por si llegaba a la orilla y no había nadie. Pero era verano y casi seguro que vería a algún niño.
Cuando faltaba muy poco para llegar a tierra firme, Oli se puso muy contenta. Había montones de niños jugando en la orilla con las olas, la pala y el cubo y también con la pelota.

—Allá vamos —dijo Oli. Cogió fuerzas, respiró hondo y empezó a acercarse a un niño que jugaba con su mamá en la orilla.
A medida que se acercaba a él, empezó a mover sus manos en círculo y creó un montón de espuma salada. Tenía que hacerle cosquillas.

Justo en el momento en que se abalanzó sobre él, este levantó los brazos y Oli pudo hacerle muchas cosquillas con la espuma que había fabricado.

—¡Ja, ja, ja, ja, ja! —el niño no paraba de reír.
Oli era muy feliz. Había visto tierra firme; había visto jugar a los niños; y había hecho reír a uno de ellos. Ahora solo faltaba que la leyenda fuese cierta.

De repente, Oli sintió como unos brazos de agua la cogían y se la llevaban de nuevo hacia alta mar. Era su madre Mar que la premiaba por hacer reír al niño. ¡Qué contenta que estaba Oli!

—¡Podré hacer reír a otro niño! ¡Podré hacer reír a otro niño! —no paraba de gritar.

Y de nuevo emprendió su viaje hacia la playa.
Tal vez seas tú el próximo que se ría con ella cuando te haga cosquillas con la espuma marina.

FIN

3 comentarios

Maite el 5 junio, 2017

Qué bonito Gemma! Gracias por compartirlo! Un beso.

Lunática el 19 julio, 2014

Creía que ya había comentado aquí... umm... Me encanta, es muy bonito ^^

ingrid el 1 junio, 2014

muy bonito cuento