Berta y Búha, cuidadoras de perros

Berta y Búha, cuidadoras de perros

El deseo más profundo de Greta es tener un perro de mascota. Malditas reglas de la comunidad de vecinos... pero “Búha”, la prima guay de Greta, tiene una idea fantástica.

Para Berta, pasar seis semanas de vacaciones sola en casa no estaría mal si, al menos, tuviera un perro que de vez en cuando apoyase la cabeza en su regazo... Pero las estrictas normas del tío Eduardo prohíben tener animales sin plumas en casa. Antes de que Berta pueda deprimirse llega su prima Búha de visita, una niña muy espabilada y con grandes gafas redondas que sabe muy bien qué hacer para no aburrirse en vacaciones: repartirán carteles por el barrio ofreciéndose para cuidar los perros de los vecinos.

Berta se sentía de maravilla. Caminar por la calle detrás de los rabos moviéndose como si fuera la duenna de los canes... era una sensación enloquecedora. Ni siquiera le molestaba que los perritos pasaran por alto las órdenes de "siéntate" o "quieto" y se detuvieran ante cada árbol y cada farola para olfatearlos con infinita paciencia. No, Berta habría podido continuar igual durante horas y horas.Búha, no.-¡Oh, maldita sea, el mío quiere meterse continuamente en los charcos! -gimoteó-. ¿Recuerdas los nombres?-Creo que el rojo se llama César -contestó Berta.Cumpliendo lo prometido, ella se había encargado de dos, pero ahora estos no paraban de enredarse con las correas.-¿Y cuál era Catón? -preguntó Búha.Berta miró a las tres salchichitas de colores, desconcertada. -¡Catón! -gritó. El del chalequito verde saltó hacia ella, dejando dos huellas mojadas de las patas en sus pantalones. Berta le rascó detrás de las orejas,  con una sonrisa. -Aclarado. Entonces el tuyo es Julio. -Bien, lo recordaré -dijo Búha-. ¿Y si cambiásemos de acera? En la de enfrente hay muchos menos charcos.